La abolición de la censura literaria y el uso libre del idioma coreano que siguieron a la liberación ofrecieron nuevos horizontes de libertad, vitalidad y resolución en la composición poética. Los poetas de la etapa posterior a la liberación se enfrentaron a la tarea de llevar el coreano a su madurez como vehículo de expresión poética. Además, tuvieron que esforzarse por mirar la vida humana desde ángulos diferentes y perspectivas más amplias, campos anteriormente vedados para los poetas coloniales. Como resultado, se asistió a una enorme ampliación del mundo poético.
Su Chungju (1915-2000), con frecuencia conocido en Corea por su apodo, Midang, fue una figura de importancia cardinal en dicha ampliación. Nos dejó más de ochocientos poemas de calidad excelente y buscó durante toda su vida nuevos modos de expresión, desde la lírica temprana hasta las reflexiones sobre la historia antigua coreana. Su Chungju también se inspiró en el saber tradicional y en las costumbres de la vida diaria en el campo para su creación poética. Si tuviéramos que buscar un denominador común de todas sus prodigiosas obras, este sería quizás la plasticidad de la lengua coreano, rasgo apreciable ya en su primer volumen poético, Colección de Flor Serpiente (1941), que data del período colonial y exhibe un lenguaje sensual cuyo viveza raya en la estética de la decadencia. El cuerpo del protagonista, joven y apasionado, estalla en un lenguaje explosivo al luchar contra la sociedad cerrada. Sumergiéndose en un mundo primitivo y de sensualidad delirante, el joven poeta se declara criatura ajena a la rigidez del orden social. Así, Su Chungju se despide de la ecuación de belleza y bondad característica de la literatura coreana tradicional para hacer patente su concienciación sobre la problemática de la estética moderna.
Mediodía
Un sendero a través de un campo de flores rojas
Que, dicen, traen la muerte como en sueño.
Por el sendero, torciéndose como la espalda amarilla
De una serpiente aturdida y embriagada por el opio
Mi amor corre llamándome tras él...
Yo le sigo, recibiendo en mis manos
La sangre que fluye con fina fragancia sobre mi nariz
En este mediodía hirviente, calmo como la noche
Arden nuestros cuerpos...
El tono fiero y confesional de Colección de flor serpiente, así como su grito desesperado, transmite de forma implícita la ironía trágica de la vida. El mundo, captado a través de los sentidos, se resiste; la vida se revela en su plenitud caótica y multiplicidad fundamental. La visión del mundo que mantiene el poeta cambia gradualmente, en paralelo a la coyuntura social de la Corea posterior a la liberación. La segunda colección de Su Chungju, El retorno del ruiseñor (1948), sigue la línea de la anterior, aunque la voluntad de vivir, que se revela como deseo erótico en Colección de flor serpiente, se presenta en El retorno del ruiseñor a través de una tristeza armónica, impregnada de color y sentimientos locales. Tras su tránsito por mundo caótico y vacuo, el poeta alcanza la generosidad del alma. En esta colección, Su Chungju teme el ímpetu tenaz de la vida, su ritmo incesante entre agonía y dolor extremo. Estas dos colecciones elevarán la poesía lírica coreana a un nuevo nivel estética.
En su tercera colección, Poemas seleccionados de Su Chungju (1956), el poeta muestra una madura visión poética, forjada a través de diversas experiencias por crisis personales o acontecimientos de magnitud histórica (como la liberación de Corea del dominio colonial japonés y la Guerra de Corea). La contemplación apacible y la tranquilidad espiritual sustituyen ahora a la confusión de los sentidos y la pasión violenta que caracterizaban su obra anterior.
Viendo la montaña Mudeung
La pobreza no es más que vestidos harapientos.
¿Puede esto encubrir nuestra carne y conciencia natural?
Que son similares a la montaña en verano,
En sierras de oscuro verde,
Expuesta a la deslumbrante luz del Sol.
Todo lo que podemos hacer es criar a nuestros niños,
Como las colinas verdes cultivan en su regazo hierbas y orquídeas
Cuando llega la tarde,
Trayendo vida, arremolinándose y arrollándose.
Vosotros, maridos y mujeres,
Debéis sentaros a veces
A veces, acostaros lado a lado.
En este poema se aprecia ya la creciente madurez de Su como poeta, puesto que se muestra capaz de soportar la dureza de la vida a pesar de enfrentarse a ella. En la cuarta colección, La esencia de Silla, Su Chungju vuelve al antiguo reino de Silla para explorar el conflicto entre la realidad corporal humana y el deseo de liberarse de los deseos carnales. Su perspicaz observación de la vida humana como existencia fundamentalmente contradictoria, suspendida entre el cielo y la tierra, ofrece una amplia gama de matices profundos y místicos. Con la quinta colección, Cielo de invierno (1968), Su hungju llega a la cúspide de su poesía y la dota de una nueva profundidad filosófica. Aquí, el tema de la vida sin límites que se contempla a través del encuentro con Silla adopta una expresión más refinada y precisa. En el incesante transcurrir del tiempo, las cosas cambian y renacen, mientras que el poeta queda embriagado por la belleza prodigiosa escondida en dichas reencarnaciones. La visión poética de Cielo de invierno muestra un espíritu altivo, capaz de aceptar la angustia vital y las pasiones del corazón humano. En esta estética del infinito, Su Chungju muestra sus influencias de la imaginación budista.
Cielo de invierno
Con un sueño de mil noches,
Limpié mi fina ceja
Del amor del corazón
Para transplantarlo en el cielo.
Un pájaro fiero, que vuela en los fríos meses de noviembre y diciembre,
Lo reconoce, y con un gesto
Lo desvía dibujando un arco en el cielo de invierno.
En su sexta colección, Lecciones de Chilmajae (1975), Su Chungju vuelve a sus recuerdos infantiles, donde encuentra el arquetipo de una vida rica. Aquí, Chilmajae no es simplemente el nombre de su pueblo natal, sino la designación de algo infinito, un espacio de eternidad en la rutina familiar de la vulgar vida diaria, un espacio donde lo secular y lo sagrado, lo celeste y lo terrestre pueden complementarse como un único mundo armonioso. La descripción del tradicional quehacer diario, expresado con todo lujo de detalles, sirve también de valioso documento antropológico. En su colección siguiente, Poemas de un vagabundo (1976), el poeta dirige la mirada de nuevo a la realidad vulgar, aunque con un tratamiento compasivo por los infortunios y las tristezas de este mundo. En lugar de desesperarse por las decepciones de la vida, busca la sabiduría como medio para la restauración de la vida y la vuelta a al eterno mundo natural. Esta alusión a la vida se ha considerado también como una condena de sus propias experiencias en el turbulento devenir de la historia coreana del siglo XX.
Su Chungju pasó los primeros años de su juventud como vagabundo y experimentó la tragedia y la desesperación existencial durante la Guerra Coreana. Durante este periodo, abrazó la filosofía de la vida infinita y la reafirmación de la misma. Dejando atrás la visión trágica del mundo, lleno de contradicciones y conflictos, el poeta alcanza una morada de paz y unidad, un espacio simbolizado por Silla. Su trayectoria fue criticada por algunos, que consideraban esta un proceso de disolución de la tensión existencial de la vida real en busca del pasado mítico y trataron de demostrar con ella que se había equivocado en el ámbito político. Quizá su mayor error haya sido colaborar con el Gobierno colonial japonés.
En el trasfondo de la sociedad coreana de posguerra, marcada por el proceso de rápida modernización, esta tendencia retrospectiva de Su Chungju podría considerarse una crítica a la modernización como tal. Sin embargo, su mayor virtud como poeta reside en su habilidad para crear un pensamiento íntimamente ligado a la vida del pueblo coreano, a pesar de que su poesía esté marcada por un trascendentalismo o visión antirrealista palpables. Su Chungju revela una notable perspicacia en la riqueza de su lenguaje, que hunde sus raíces en la penosa vida secular de los plebeyos coreanos. Su poesía transpira una sensualidad serpentina y una fuerte vitalidad. Al mismo tiempo, evoca también cualidades poéticas que se asocian con el espíritu coreano de añoranza y compasión, sosiego y contemplación, humor y astucia. Su Chungju es un genio poético que dio voz al espíritu irreprimible que fluye por la vida del pueblo coreano.
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