Coleccion de Literatura Coreana

Una colección de Ediciones del Ermitaño

Desde las primeras exploraciones del espíritu coreano original hasta las meditaciones posteriores sobre el significado de vida y su relación con lo divino, las obras de Kim Tongni y Hwang Sunwon muestran de manera consistente una orientación religiosa y un acercamiento básicamente humanístico. La problemática de la vida y la muerte, la tradición y la modernidad, el chamanismo y la cristiandad, Oriente y Occidente, se repiten constantemente para plantear cuestiones radicales que pretenden responder a la pregunta "¿qué queda de humano en un mundo inhumano?”. Incluso las obras narrativas de sus respectivos periodos intermedios, que se centran en la experiencia traumática de la Guerra Coreana y tratan acontecimientos históricos, se interiorizan y filtran a través de experiencias individuales. Las obras de Kim Tongni y Hwang Sunwon enfatizan la voluntad humana y su capacidad de soportar el sufrimiento y sobrevivir.

Kim Tongni (1913-1995) fue un escritor comprometido con la literatura pura, en contraposición a la literatura ideológica que proliferaba en los círculos literarios del periodo anterior y posterior a la liberación. Kim Tongni explora los temas tradicionales coreanos y trata, en particular, las relaciones entre el chamanismo y el confucianismo o el cristianismo y el budismo, para fijarse en el choque de la tradición coreana y las culturas extranjeras. Así, intenta esbozar el mundo espiritual que consideraba como singularmente coreano, no solo a través del chamanismo sino también incorporando elementos de mitos y leyendas, la filosofía oriental del cosmos y las creencias folclóricas naturales.
Las novelas cortas más famosas de Kim Tongni, El retrato de un chamán (1936), La roca (1936) y La leyenda de la Tierra Amarilla (1939), describen todas ellas un mundo rico en caracterización local, moviéndose particularmente entre elementos míticos o chamánicos tradicionales. El retrato de un chamán, en particular, dramatiza el encuentro trágico entre una creencia extranjera y una tradicional, a través del conflicto entre Mohwa, un chamán, y su hijo cristiano, Ugui. La historia termina violentamente cuando Mohwa apuñala a Ugui mientras lucha con él para arrebatarle la Biblia. A continuación, Mohwa se ahoga. Su La muerte puede interpretarse como el declive del chamanismo, que resulta de la emergencia del cristianismo, recién introducido. En Eulhwa, una obra rescrita a partir de El retrato, el hijo muere pero la madre sigue con vida, revisión que recalca todavía más el mundo espiritual de la tradición coreana.
Tras la Guerra Coreana, Kim Tongni vuelve su atención al sufrimiento de los coreanos durante y después de la guerra. Los soldados que vuelven (1950), La evacuación de Heungnam (1955), Los Tiempos de Mildawon (1955), La no existencia (1955) y La llamada de la urraca (1966) son obras que transcurren en la Corea destrozada tras la guerra. En lugar de tratar directamente sobre los estragos causados por el conflicto bélico, adoptan una perspectiva fantástica hacia la guerra y la tratan como una catástrofe que la voluntad humana no puede prevenir. La llamada de la urraca es un perfecto botón de muestra. Con el objetivo de librarse del servicio militar, Ponggu se corta el dedo con el que debería apretar el gatillo, aunque cuando vuelve a casa comprueba que el hogar resulta tan sombrío como el frente. Su familia vive en la penuria más extrema y su madre se halla enferma. Su novia, Chungsun, se casa engañada con su amigo Sangho. Lleno de ira, Ponggu tiene relaciones sexuales con hermana menor de Sangho. La historia termina cuando Ponggu coloca las manos sobre la garganta de la muchacha y empieza a estrangularla, como si estuviera poseído por la llamada de la urraca. Un anuncio de mal augurio según las creencias rurales tradicionales coreanas, el canto de la urraca, interrumpido por la tos enferma de su madre, hace palpable la impotencia de Ponggu, que no puede frenar la llegada de la muerte y confiere un tono fatalista a toda la narración. A través del declive moral de Ponggu, el autor retrata a un hombre totalmente impotente ante el poder del hado. El trauma de la guerra se ve así reemplazado por la inexorabilidad del destino.
La preocupación de Kim Tongni por las relaciones entre hombres y dioses continúa en La cruz de Saban (1957) y en Una figura del Buda a tamaño real (1960). La cruz de Saban trata de la crucifixión de Jesús; a diferencia de su compañero, que acepta a Cristo y consigue la vida eterna, Saban no muestra creencia alguna y se consuela con poder disfrutar de otra vida futura. Kim Tongni describe a Saban y a Jesús como personales diametralmente opuestos: si Jesús representa el judaísmo, orientado hacia Dios y la vida después de la muerte, Saban ejemplifica la cultura antropocéntrica helénica, centrada en el aquí y el ahora. Sobre la figura intransigente de Saban, que ama, lucha y yerra como un ser humano, Kim Tongni proyecta una postura ética distinta, tomando la voz de Saban para criticar la cultura occidental, fundada en la tradición bíblica. Adopta así un enfoque diferente en la relación entre Dios y el hombre, que no implica la subordinación ciega. En Una figura del Buda a tamaño real, Kim Tongni aborda cuestiones similares relatando la vida de un monje budista que renuncia al mundo. El maestro Manjuk renuncia a su propio cuerpo, ofreciéndolo como sacrificio al Buda. Sin embargo la figura del Buda sentado que aparece en esta historia no es sagrada en su sentido tradicional, sino que es considerada divinidad por su distancia con respecto a las cualidades asociadas al ser humano. La cara del Buda sentado muestra una expresión agónica y triste, que sugiere una habilidad para crear un nuevo dios que se asemeje al hombre y recuerda el camino a la salvación religiosa, al que se llega a través de la abnegación y el sacrificio.

Hwang Sunwon (1915-2000) destaca por su lírica y prosa de estilo conciso, con las que retrata la vida humana en toda su belleza, puridad y dignidad. La mayoría de los personajes de sus obras de ficción descubren el amor a través de experiencias de extrema soledad. Aquí, el amor sigue reverenciando la vida y la existencia. El mundo vil nos dificulta mantener la puridad, pero dicha dificultad nos hace ver la importancia de reconciliarnos y curar las heridas. Esta perspectiva, subyacente a toda la obras de Hwang Sunwon, transmite un sentimiento de patetismo trágico y ardiente al mismo tiempo.
El perro de la aldea del paso a nivel (1948) reúne muchas de estas características. En esta obra, un perro desamparado llega vagabundeando a una aldea y, gracias a un amable anciano, se salva de ser apaleado por sus habitantes. El perro da a luz a cachorros bajo el cuidado del anciano y, aunque finalmente muere por el disparo de un cazador, los cachorros y sus crías gozan de larga vida en la aldea durante generaciones. El perro de la aldea del paso a nivel es un cuento que nos conmueve, que hace hincapié en la importancia que tiene cualquier vida y afirma que debemos superar la violencia del mundo, representada por la brutalidad de los aldeanos.
El Aguacero (1953) plasma el patetismo de un amor inocente: un muchacho y una joven de la ciudad se enamoran, pero esta enferma y muere. Él, tras la muerte de ella, averigua que quería ser enterrada con el vestido que llevaba cuando se conocieron por primera vez, lo que le sirve para abrir los ojos sobre el sufrimiento y el sentido de la vida. Sin embargo, lejos de ofuscarse en lo negativo, el autor pone de relieve la belleza existente en este amor tan tierno y breve. Los niños aparecen con bastante frecuencia en los relatos de Hwang Sunwon, como símbolo de la puridad, que contrasta con el corrupto mundo de los adultos.
En Grullas (1953), dos amigos de infancia se vuelven a encontrar como enemigos debido a la división del país. Al estallar la guerra, Sungsam y Tukchae se encuentran en lados opuestos de la línea divisoria. Tukchae es prisionero de guerra y a Sungsam le confían la tarea de llevarlo al paredón. Sin embargo, de camino, ven una pareja de grullas, con lo que recuerdan su niñez, cuando jugaban a cazar grullas. Conmovido por la memoria, Sungsam deja marchar a su viejo amigo, al igual que las grullas, símbolo de la humanidad inmaculada, tienden las alas y ascienden al cielo. Sungsam recupera el corazón de niño y realiza una obra de amor. Grullas sirve de medio de expresión de la creencia de Hwan Sunwon de que la ideología en tiempos de guerra no es capaz de obliterar el amor entre dos personas.
Descendientes de Caín (1953-54) trata sobre la lucha de clases durante el periodo de reforma de tierras en Corea del Norte y describe la destrucción de la humanidad en el proceso. En la novela, dos personajes se enfrentan por un conflicto de tierras: Pak Hun, hijo de un propietario, y el viejo Tosup, hombre que trabajaba para la familia de Pak. Ochangño, la hija del viejo Tosup, se enamora de Pak y un día le salva la vida. El viejo Tosup es un descendiente de Caín; el autor no considera la lucha de clases y las diferencias entre ricos y pobres como un problema de dimensiones históricas, sino como consecuencia de la separación entre el bien y el mal. Hwang Sunwon sugiere que se logra superar la maldad a través del amor y el sacrificio; así, Ochangño simboliza la vida que no se destruye a pesar de las vicisitudes históricas.
Hwang Sunwon sigue explorando el tema del amor y de la salvación humana en sus novelas Árboles sobre la colina (1960), Luz de sol, luz de luna (1962-5), El castillo que mueve (1968-72) y La apuesta de los dioses (1978-80).

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