Si el interés renovado por el lirismo, patente en Pak Mongwol y Yu Chihwan, caracterizó una de las corrientes poéticas coreanas posteriores a la liberación, la preocupación por el lenguaje poético marca la otra. Dicha preocupación se revela en parte por el mayor potencial prosaico de la poesía: los escritores abordan temas sociales y políticos que van más allá de los límites de lo estrictamente poético. Además, se esfuerzan por producir un lenguaje poético más refinado. Estas nuevas posibilidades expresivas dieron lugar a nuevas y poderosas formas en las obras de Kim Suyung y Kim Chunsu.
Kim Suyung (1921-68) comenzó su carrera literaria como miembro de La segunda mitad, un grupo de jóvenes poetas que rompieron totalmente con la estética lírica predominante durante el primer lustro de los cincuenta. Alejándose del lenguaje familiar y de la visión fantástica del mundo que caracterizaba a la generación anterior, este grupo rechazó la tradición y se acogió a la nueva ola modernista, expresada a través de la innovación en el lenguaje y de un compromiso social. Kim Suyung fue el principal miembro del grupo. Los poemas incluidos en su primera colección, Juegos de luna (1959), claramente marcados por el surrealismo, resultan abstractos y arcanos en su rechazo a la tradición. En sus poemas siguientes, Suyung exploraría la tristeza del ciudadano de a pie que, privado de libertad, vive en una sociedad opresiva.
Nieve
La nieve está viva.
Por alma y cuerpo olvidadizos de la muerte,
La nieve está viva aun cuando se rompa la mañana.
Tosamos,
Joven poeta, tosamos.
Mirando hacia la nieve,
Escupamos,
Toda la flema acumulada en tus pulmones durante la noche.
Nieve es una llamada apasionada a la expresión sincera. Sin embargo, esta llamada se expresa a través de un simbolismo físicamente repulsivo y sorprendente, escupir toda la flema, cuya violencia, unida al fuerte contraste de la blanca mañana nevada con toda la flema acumulada en tus pulmones durante la noche, contribuye a la tensión poética existente en el último verso. Además, Nieve revela un motivo importante y recurrente en la poesía posterior de Kim Suyung: el lenguaje carnal como medio no contaminado para declarar la verdad del mundo.
En gran parte de sus poemas, Kim Suyung retrata al poeta como ser existencial afligido y desesperado, aunque se atisba también un sueño de libertad. Más que repudiar la dureza y las limitaciones de vida diaria, puede interpretarse en ellas el potencial del amor, una oportunidad de conseguir la revolución. Suyung, consciente de la demanda de mayor experimentación en la visión poética tradicional, incorporaría nuevos elementos prosaicos en sus siguientes obras.
Variaciones sobre el tema amoroso
Abre tus labios, Deseo, y dentro
Descubre el amor. En las afueras de la ciudad,
El sonido de la cháchara de la radio que se desvanece
Suena como el amor mientras fluye el río
Tragándolo, y yace en la otra ribera.
Oscuridad amorosa, los árboles secos, contemplando el marzo,
Brotan de amor, y el murmuro
De los brotes se levanta como niebla
Al otro lado de la montaña añil.
Que crece como nuestra tristeza
Cada vez que pasa el tren de amor, e ignora las luces de las lámparas
De Seúl, similares a los restos del pasto en un pocilga.
Ahora incluso las zarzas, los largos tallos espinosos
De rosas trepadoras son amor.
¿Por qué las arboledas del amor se empujan de cerca y de forma imposible?
¿Cuándo nos daremos cuenta de que amar es el alimento de amor?
Descubrimos aquí una escena amorosa que se desarrolla en un paisaje urbano, una escena trivial en la vida humana diaria. El corazón lleno de amor encuentra un lenguaje impetuoso y fantástico cuando se embarca en una aventura de la imaginación. En el grito de la estrofa final del poema, “¡Una vez el día vendrá / cuando semillas de melocotón y semillas de albaricoque / brincará locos de amor!”, el tema del amor de Kim Suyung alcanza su clímax.
Hierba
El día es nublado y la hierba se acuesta.
Se acuesta hasta el tobillo,
Hasta los pies.
Aunque se acuesta más tarde que el viento,
Se levanta más temprano que el viento,
Y, aunque llora más tarde que el viento,
Se ríe más rápido que el viento.
El día está nublado, las raíces de la hierba se acuestan.
Hierba ha sido interpretado con frecuencia como alegoría política. La elástica resistencia de la hierba es aquí un símbolo del espíritu del pueblo común en su lucha contra la opresión. Sin embargo, el éxito literario particular del poema reside en el efecto musical que crea la evocación del movimiento reiterado de la hierba, energía rítmica y vigorosa. Limitando en parte la calidad prosaica propia de sus primeros poemas, Kim Suyung crea un poema corto cuyo sentido dista de ser sencillo.
La inequívoca relación entre los ideales de libertad y democracia proclamados en el Movimiento del diecinueve de abril y la poesía de Kim Suyung llevó a que muchos lo consideraran el ejemplo de intelectual que vuelve crítico contra la sociedad opresiva. Suyung es también considerado como paladín del movimiento que posteriormente se conoció como escuela de poesía de compromiso, que defendía la responsabilidad de la literatura antes los problemas sociales y políticos. Sin embargo, sería más preciso considerar a Kim Suyung como poeta que exploró incesantemente la relación entre poesía y vida, basándose en el reconocimiento de que la poesía se produce dentro del escenario de la vida diaria. Así, el mundo poético no se separa del mundo donde tiene lugar la vida, sino que, más bien, va tomando forma a partir de acciones cotidianas, como comer, beber o toser. Es el mundo de la “cháchara de la radio que se desvanece”, las “zarzas y tallos espinosos” y, sobre todo, del amor. La creencia de Kim Suyung en la inseparabilidad de vida y poesía avalan sus experimentos formales de prosa poética, siendo también la razón por la que se le atribuyen dos características propias del desarrollo poético: un compromiso con la sociedad actual como materia temática y el esfuerzo por la libertad a través del lenguaje poético. Para Kim Suyung, la libertad era un problema tanto de la poesía como de la realidad social.
Kim Chunsu (1922-2005) buscaba ante todo la puridad del lenguaje poético y adoptó para ello la poesía simbólica de Occidente. Su obsesión por la puridad se manifiesta en la exploración del infinito en sus primeros poemas, y del sinsentido en los posteriores. Influenciado por Rilke, sus comienzos poéticos, recogidos en colecciones como Nube y rosas (1948), La marisma (1950), La bandera (1951), Un vecino (1953), Un bosquejo floral (1959) y La muerte de una muchacha en Budapest (1959), tratan de la soledad existencial y de la condición trágica de vida, expresadas en forma de ansias o esperanza de un mundo absoluto más allá del poder del lenguaje.
Prólogo a una flor
Ahora soy un animal peligroso.
El momento en que mis manos te tocan,
Te vuelves oscuridad, desconocida y remota.
En la punta de la rama temblorosa del ser
Floreces y caes sin nombre.
Lloro toda la noche
En esta oscuridad sin nombre que rezuma a través de mis párpados,
Enciendo luces de un plato de memorias.
En este poema, el objeto poético de la flor no es una entidad real que se capte a través de los sentidos, sino una imagen conceptual empleada para representar la conciencia que comprende el secreto de la existencia. Sin embargo, en sus poemas posteriores, Kim Chunsu tratará de borrar toda huella de dicha conceptualización. A partir de finales de los sesenta, se casará ideológicamente con la poesía del sinsentido, articulando una visión poética singular en colecciones como Tono de romance y otros poemas (1969), Chuyong (1974), Nandin (1977), La Luna empapada de lluvia (1980), y Después de Chuyong (1982).
Hojas de madreselva
En la nieve madura
El fruto rojo del invierno temprano.
Un pájaro pequeño de cola blanca,
Que nunca vi en los suburbios de Seúl,
Lo picotea.
El color de las hojas de madreselva en invierno
Está más triste que los sueños humanos
Nunca realizados.
En este poema, las imágenes no pertenecen a un molde lógico común que produzca un sentido inteligible o muestre un tema identificable. La hermosa imagen del invierno tempranero queda grabada en la retina del lector; el poeta recurre a descripciones sucintas del paisaje y deja a un lado el mundo trivial de la vida diaria, construyendo un mundo estético que consiste únicamente en limpias imágenes.
Lágrimas
Un hombre y una mujer
Mojados por la cintura.
Un árbol de ginseng que veo en la noche
Está mojado por la cintura.
Quien cruzó el mar andando descalzo,
Dicen, se convirtió en pájaro.
Dicen que solo las plantas de sus pies estaban mojadas.
Este poema es uno de los ejemplos más claros de la visión poética buscada en Hojas de madreselva; resulta imposible saber cuál es el sujeto o el objeto del mismo. Se yuxtaponen las imágenes disonantes y espontáneas, carentes de conexión lógica. Sin objeto concreto ni tema identificable, las imágenes flotan en el espacio como abstracciones, como entidades autónomas no subordinadas a una idea. Así, composiciones líricas como Poesía sin sentido realzan el valor existencial absoluto del lenguaje poético.
Eliminar por completo el sentido de la poesía sería imposible. Tal esfuerzo sería criticado también como lo sería intentar eliminar la vida y las preocupaciones sociales del reino poético. No obstante, las obras de Kim Chunsu sirvieron para plantear una cuestión fundamental sobre el valor existencial del lenguaje poético y dejaron una fuerte impronta en las generaciones venideras.
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