La tragedia histórica de la división de Corea y la Guerra Coreana siguen proyectando prolongadas sombras sobre la imaginación literaria de la segunda mitad del siglo XX. Las heridas de la guerra pueden apreciarse por doquier en la narrativa de los cincuenta; de hecho, en la mayor parte de las novelas, incluso sangran. La barbarie de la guerra debía ser denunciada, el sufrimiento mental y físico del pueblo coreano debía ser curado con visceralidad y empatía. Debido al trauma provocado por la experiencia de la primera mitad de siglo, los escritores del momento carecían del espacio de reflexión necesario, sin poder abordar cuestiones más fundamentales como el carácter existencial del ser humano.
Con La plaza (1960), de Choe Inhun (1936-:), se produjo un viraje en esta tendencia. Aunque nacido en el norte, se trasladó al sur durante la Guerra Coreana. Con enorme inteligencia y astuta capacidad analítica, Inhun formula la cuestión existencial sobre el sentido de vida y la naturaleza de la identidad humana, buscando respuesta a estas cuestiones en el turbulento pasado histórico de Corea: colonización, guerra y división. Cabe también mencionar aquí que Choe Inhun fue precursor de una importante revolución en el estilo narrativo.
La plaza, publicada en 1960, año que asistió a la crucial Revolución del diecinueve de abril, fue una sensación prácticamente al segundo de publicarse. La obra escapaba a la regla narrativa política que dominaba el mundo literario coreano de posguerra y desafiaba a ambos, al norte y al sur de Corea, a través de la historia de un coreano que no se encuentra en casa ni en el norte comunista ni en el Sur reaccionario: Yi Myungchun es un estudiante de filosofía que vive en la parte meridional de Corea antes del estallido de guerra cuya familia se encuentra controlada por motivos ideológicos. Su padre, comunista convencido perseguido por el Gobierno anticomunista de Corea del Sur, tiene que marcharse a vivir al norte y abandonar a su familia. Desilusionado con el mundo, Myungchun busca escapar de él ensimismándose en un mundo seguro y cerrado, simbolizado por una habitación tapada. Sin embargo, este espacio se le niega; los agentes de seguridad de Corea del Sur invaden su vida poco después de que su padre aparezca en una emisión procomunista, con lo que también queda destrozada la última esperanza de Myungchun: la vida en esta habitación segura y un encuentro romántico con una mujer.
Myungchun escapa al norte, pero lo que le espera es la corrupción más abyecta bajo la dictadura comunista. Desesperado, Myungchun se enrola en el servicio militar al estallar la guerra. Durante el conflicto, pierde a su novia, Eunhye, y es capturado. Tras declararse el armisticio, es puesto en libertad, aunque poco antes de volver al norte o quedarse en el sur, pide ser destinado a otro país. Con esta decisión, demuestra su comprensión del hecho de que no hay esperanza alguna en su patria y de que la posibilidad de empezar una nueva vida en un país neutral puede ser solo un milagro. En ninguna parte del mundo existe una tercera ideología capaz de superar la oposición binaria entre comunismo y capitalismo. Una vez a bordo del barco con rumbo a orillas extranjeras, Myungchun naufraga en un arrecife llamado Ideología y decide suicidarse. Así, el cuerpo de un joven intelectual flotando sin rumbo simboliza una época aprisionada por la ideología.
Otras obras importantes de Choe Inhun son El hombre gris (1963), una mirada existencial agónica a una generación que vive bajo la opresión; Viaje al Oeste (1966), un experimento sin precedentes en el arte narrativo que se entreteje dentro y fuera de la fantasía; La voz del gobernador general (1967), novela sobre la crisis de conciencia de la edad neocolonial; y Hwadu (1994), una obra maestra sobre la problemática general del siglo XX y sobre el destino de los seres humanos que deben navegar por las aguas turbulentas de su historia. A toda esta contribución literaria, cabe añadir que Choe Inhun sentó nuevos precedentes dramáticos en el panorama cultural coreano.
Yi Chungchun (1939-:) es un escritor muy cerebral para quien la ficción significa “soñar el mundo” y hacerlo en torno a la esperanza del amor, la misericordia, la libertad individual y la liberación verdadera. También es una forma de manifestación de la integridad armoniosa de la vida. Con hacer realidad este soñar, Yi Chungchun lucha por supera la oposición entre libertad y opresión, merced y venganza, ideal y realidad, verdad individual y creencias colectivas. Así, lucha por sintetizar estos opuestos en su imaginación. Experimentando formas, golpea incesantemente las puertas del nuevo mundo. En lugar de quedarse sólo en la superficie, su narrativa busca la esencia existencial invisible; penetra en lo más profundo con preciosos símbolos que proporcionan las claves para comprender el principio y el valor de vida.
El imbécil y el idiota (1966) nos presenta la desfigurada vida interior de una generación entera de jóvenes que viven en un periodo de división nacional. Dos hermanos constituyen las figuras centrales: el mayor es un médico y el menor, un pintor. El primogénito renuncia a su trabajo tras no lograr salvar la vida de una muchacha en la mesa de operaciones y empieza a escribir una novela, la historia de su propia vida, la de un soldado de un batallón derrotado que mata a su compañero, se esconde y huye. Por su parte, el hermano menor desarrolla una extraña fascinación por la novela de su hermano y desde entonces es incapaz de concentrarse en su pintura. A todo ello se añade la historia sobre la relación de este con una mujer llamada Hellín, de la que posteriormente se separa. Incapaz de abrir su corazón, dejar marchar a Hyein y esta acaba casándose con su hermano mayor.
Así, el comportamiento de ambos hermanos resulta anormal, tanto en lo personal como en lo profesional. El hermano mayor no puede trabajar como médico y el hermano menor no puede pintar ni amar a Hyein. Sin embargo, son dos hermanos diferentes, lo que refleja el abismo entre la generación de los cincuenta y la de los sesenta. El primogénito es perseguido por la memoria de la guerra y la cobardía de haber escapado tras matar a su compañero, pese a lo cual intenta recobrar la voluntad de vivir reconociendo el delito cometido y arrepintiéndose. Por el contrario, el hermano menor es un ejemplo de artista renovado que se ve a sí mismo como víctima, aunque no está seguro de qué. Como escribe Hyein en su carta de despedida, es un enfermo “sin herida que merezca llamarse herida”. Mientras que el hermano mayor acusa claros síntomas de sufrimiento y conoce su origen, el menor sufre simplemente una agonía psicológica sin saber el porqué. El hermano menor, que no consigue reconciliarse con la realidad –a diferencia de su hermano mayor, que supera finalmente la conciencia idiótica–, da voz a la angustia interior de los jóvenes de 1960.
El tema principal de Este paraíso vuestro (1976), la obra más conocida de Yi Chungchun, es la relación entre el individuo y el colectivo. La obra transcurre en una leprosería en la remota isla de Sorok, recientemente inaugurada para tratar a leprosos. Cho Paekhun, de buena voluntad, es el jefe de la clínica y busca alcanzar su sueño, “vuestro paraíso”, para aquellos que sufren de lepra. Sin embargo, los pacientes se muestran escépticos ante cualquier concepto basado en el vuestro y no en el nuestro, por lo que no prestan su apoyo al doctor Paekhun. El paraíso con el que sueñan los pacientes, incluido el mayor Hwang, es “nuestro paraíso”, uno construido por ellos mismos sobre los cimientos del amor que comparten y su deseo de libertad. En lugar de obtener un bienestar proporcionado desde el exterior, quieren decidir su destino desde dentro.
Tras llegar a la conclusión de que cualquier sistema de poder que no compartiera el destino de los afligidos le convertiría únicamente en un ídolo espantoso, el doctor Cho abandona en silencio la isla. Cinco años después, regresa, ya no como jefe de la clínica sino como una persona más. Quiere compartir el destino común de sus pacientes, renunciando a su autoridad como director. Sin embargo, el doctor Cho encuentra otro obstáculo. El ideal de paraíso que Cho Paekhun abraza tras la autorreflexión crítica, más “nuestro” que “vuestro”, le lleva a luchar de nuevo sin gozar de su poder anterior. Aunque la novela no premia los esfuerzos de Cho con resultados positivos, Este paraíso vuestro termina de forma sugestiva con la boda entre Yun Haewon, leproso, y una mujer sana llamada Su Miyun. La boda, como unión de amor y libertad, abre una ventana de esperanza para quienes buscan juntos la felicidad basándose en su libre voluntad, es decir, la posibilidad de construir “este paraíso nuestro” donde las diferencias entre leprosos y no leprosos, nosotros y vosotros, se disuelve en armonía y simpatía. Este paraíso vuestro presenta así un planteamiento fundamental sobre temas como la relación entre lo real y lo ideal, el ego y el otro, el individuo y el grupo, la libertad y la felicidad, el amor y la acción.
En otras obras narrativas, Yi Chungchun retrata almas honestas que se preocupan por examinar la sociedad coreana durante el periodo de división e industrialización. Entre ellas, se incluyen Isla Ieodo (1976), En busca de las palabras perdidas (1981), que se enfocan en el lenguaje como medio para explorar las relaciones entre individuo y sociedad; Gente del sur (1978), una serie de ficciones cortas unidas por el espíritu coreano tradicional jan, un estado poderosamente afectivo con un cierto sentimiento de tristeza, pérdida y añoranza, que se expresa a través del medio estético del pansori.
Preconizando una “revolución en la sensibilidad”, Kim Seungok (1941-:) aparece de repente en la escena literaria de los sesenta con un estilo singular y un sentido del lenguaje totalmente diferente de las generaciones anteriores. Escritor dotado de muchos talentos excepcionales –análisis ingeniosos, argumentos muy elaborados, comprensión de múltiples corrientes de pensamiento y lenguaje sensorial-, Kim Seungok entreteje realidad y fantasía centrándose en la monótona rutina diaria. Además de Relatos de un viaje a Muchin (1964), narración corta con la que empezó a forjar su reputación, Kim Seungok es conocido por Seúl, invierno de 1964 (1965) y La luz de luna en Seúl: capítulo cero (1977), obras que descubren la melancolía y malestar de vida moderna, especialmente en el escenario urbano.
Viaje a Muchin, narrado a modo de cuaderno de viaje, es un relato de una visita de tres días a la ciudad provincial de Muchin por parte de un hombre de treinta y pocos. Para el protagonista, Muchin supone un espacio de vida alternativo al de Seúl. Es un lugar que visita “siempre después del fracaso o antes de empezar de nuevo”. Al principio de la historia, el protagonista regresa a Muchin una vez más, pasando ahí una breve temporada antes de conseguir el ascenso prometido por la empresa farmacéutica de su suegro. Aunque no ama a su esposa, una viuda con la que se casó al fracasar su primera unión amorosa, ha medrado en la escala social gracias a ella. Como astuta cómplice de una vida comprometida, su mujer tiene una vinculación muy estrecha con la cultura materialista de Seúl. Sin embargo, en Muchin el hombre se siente abrumado por el peso de su experiencia. Surge así un doloroso dilema entre el ser y el tener que le suspende como la niebla de Muchin, simbolizando la ironía existencial, y le lleva a dudar de su identidad y de la percepción de su ego. Amortajado por dicha bruma, el protagonista sueña con una vida definida por la existencia más que por la propiedad, aunque solo por un momento. Un día recibe un telegrama de su mujer pidiéndole que regrese a Seúl, donde le espera la vida del tener. El compromiso pragmático del protagonista con el mundo material coincide con el abandono de sus sueños.
Así, Viaje a Muchin ilustra con sensibilidad crítica la conciencia interior de una generación posterior a la Guerra Coreana que marcha a la deriva, necesitada materialmente y vacía espiritualmente. Vagando por el mundo sombrío que abruma la fantasía del individuo, el héroe experimenta la ironía existencial de forma triste. Kim Seungok trata aquí la y la autoenajenación con gran sensibilidad y estilo impresionista, con lo que consigue, tanto en el contenido como en la forma, un alto grado de modernidad para la obra.
Su Chungin (1936-:) utiliza de manera consistente la narrativa como vehículo para la crítica social, experimentando formas del género con el fin de sacar a relucir el interior frecuentemente destartalado y grosero de la vida moderna. Evacuación será su ópera prima, una narración breve sobre la cuestión existencial en la que describe las contradicciones inherentes a las operaciones militares. Con ojo clínico, desarrolla una certera sociología del comportamiento en grupo basándose en el personaje central, quien sufre que sufre una patología en el oído interno, conocida con el nombre de síndrome de Ménière. La supresión de la libertad individual por la sociedad es un tema que aparece también en Laberinto. Su Chungin describe el proceso trágico por el cual se frustra la voluntad de explorar libremente otras direcciones en la vida. Estas primeras obras, cargadas de un marcado tono existencialista, tratan el problema de la existencia humana en el contexto de la vulgaridad de la vida diaria.
Un río (1968) es la obra más refinada de Su Chungin, creada durante su fase clásica, en la que dedicó especial atención a la estética formal de la novela corta. Consigue una vivaz caracterización y gran economía expresiva gracias a un argumento bien organizado, presentado de forma meticulosa y entretejido con otros argumentos menores. Un río consigue captar en cierta manera el ritmo vital. Sin embargo, este es triste en lugar de vigoroso. Llevados por una corriente que no admite soñar con la belleza, los personajes de Un río navegan a la deriva, tratando de ocultar la soledad que se esconde tras sus conversaciones huecas y su vagabundear sin rumbo.
Estas obras fueron escritas en una prosa tenue e impresionista. Buscando elucidar de otra manera la sordidez de vida moderna, Su Chungin experimenta con técnicas narrativas que le facilitan captar momentos de la vida diaria cotidiana de la gente común. Fiesta de rododendros (1983-86), por ejemplo, se caracteriza por sus extensos y coloridos diálogos. En Arco de luna (1987-90), Su Chungin toma prestadas las técnicas de la narrativa tradicional cantada del pansori y las lleva un paso más allá. La remodelación creativa de la tradición de esta obra de Chungin se mueve con total naturalidad entre humor y patetismo, y consigue una armonía entre la vida material y la espiritual de gente muy variada. Arco de luna revela, al mismo tiempo y de manera crítica, la vida de la gente corriente, con todas sus fatigas y miserias. Su Chungin transforma esta realidad dinámica con gran verosimilitud y combina la fuerza de las palabras habladas con el potencial de las formas narrativas abiertas.
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