En el transcurso de la década de los 70, la sociedad coreana alcanzó un alto nivel de crecimiento económico gracias a la rápida industrialización. Sin embargo, los trabajadores, los campesinos y los ciudadanos más pobres fueron excluidos del reparto equitativo de los beneficios económicos. Los conflictos sociales se vieron intensificados debido a la sensación de empobrecimiento con respecto a los más ricos, los conflictos entre patronos y sindicatos, y a la desolación del pueblo rural como consecuencia de la migración masiva a los centros urbanos. Hwnag Sugyung, Yun Heunggil, Cho Sehee y Yi Mungu exploraron en sus obras la temática de la justicia social desde el punto de vista de los grupos desfavorecidos.
En 1971, un trabajador se prendió fuego y se arrojó desde un edificio de un famoso distrito textil de Seúl como protesta contra la explotación de trabajadores en las fábricas durante el periodo de crecimiento industrial. Su muerte marcó el comienzo de una intensa lucha por el derecho de los trabajadores, lo que sirvió de hilo argumental a Hwang Sugyung (1943-:) en Lejos de casa (1971). En esta obra narrativa de ficción, de estilo vigoroso y realista, Hwang retrata la vida de los trabajadores inmigrantes, que reciben sueldos por debajo del mínimo legal, no pudiendo cubrir las necesidades básicas de la vida. Para añadir el insulto a la herida, reciben el sueldo en forma de cuentas que, si quieren recibir cobrar al contado, deben vender de nuevo a la empresa a un predio más bajo.
Cuando se daban casos de protestas por parte de los trabajadores contra las injusticias, los empresarios les sobornaban para tenerlos fácilmente controlados. Incapaz de aguantar la explotación y la opresión, el protagonista, un trabajador llamado Yi Tonghyuk, convoca al paro a los trabajadores demandando una mejora en las condiciones laborales. Sin embargo, los trabajadores caen víctimas de la maquinación de sus superiores y abandonan uno a uno la huelga. Al final, solo queda Yi Tonghyuk, que defiende la huelga atándose un cartucho de dinamita al pecho.
Lejos de casa es una crónica furiosa sobre su tiempo, un retrato preciso de las deplorables condiciones de la vida de los trabajadores y de su frustración en el intento de conseguir una huelga. Los vicios de los empresarios contrastan con la voluntad de sobrevivir de trabajadores, y se capta de forma vivaz el conflicto social entre los que tienen y los que no tienen. Lejos de casa prepara el camino para el género de la novela laboral, reflejo de la preocupación creciente desde principios de los 70.
La vida desarraigada del pueblo, que camina sin rumbo en el proceso de industrialización proporcionó el tema central de El camino a Sampo (1973), de Hwang Sugyung. Los tres personajes principales son personas ambulantes que se conocen en las circunstancias más improbables. La historia comienza con Yungdal, quien abandona su lugar de trabajo en la construcción porque ya no quedan más empleos; Chung, tras haber puesto en práctica las habilidades adquiridas en prisión en varias obras de construcción, decide volver a su pueblo natal; Paekhwa, una prostituta, huye de la taberna donde estaba empleada. Se dirigen a Sampo, el pueblo natal de Cheng, en busca, no de un lugar físico, sino del amparo espiritual, de una utopía que contrasta con Lejos de casa. Sin embargo, Sampo no es una aldea hermosa de paisaje añejo; más bien al contrario, su paisaje ha sido desfigurado por los tiempos cambiantes, que han dejado su impronta. Debido a un gran proyecto urbanístico y a la construcción de un complejo industrial, se ha convertido en otra ciudad provincial. A grandes rasgos, la degradación de Sampo simboliza la pérdida de la casa espiritual como resultado de la industrialización. Apartado de sus raíces, el pueblo una vez considerado hogar sufre las consecuencias negativas de la industrialización y busca una manera de sobrevivir, ya ni siquiera de vivir. El camino a Sampo nos ofrece un retrato satírico del pueblo.
Otras obras de Hwang Sugyung son Crónica de un hombre llamado Han (1972), narración donde se mezcla la historia de un intelectual con la tragedia que experimenta al cruzar la línea de separación entre el norte y el sur de de Corea; La sombra de las armas (1987), basada en las experiencias militares del autor durante la Guerra de Vietnam; la obra histórica Chang Guilsan (1974-1984), que trata sobre las clases bajas de la dinastía Chosun y su intento de librarse de las rígidas trabas de sus vidas; y Más allá de muerte, más allá de la oscuridad de nuestro tiempo (1985), un relato sobre las consecuencias trágicas de la democratización de Kwangchu en 1980.
Yun Heungguil (1942-:) estudia la problemática de la división de Corea y de las vidas de los habitantes más pobres de la ciudad. El hombre que se quedó con nueve pares de zapatos (1977) es la historia de un hombre sacrificado por la rápida urbanización de Seúl. A medida que la población urbana crecía bajo la política industrial del Gobierno coreano, numerosas cabañas fueron demolidas para dar paso a nuevos proyectos urbanísticos. Los residentes en dichas cabañas fueron obligados por el Gobierno a mudarse en pos del desarrollo urbano. El hombre que se quedó con nueve pares de zapatos es uno de ellos. La historia comienza con el traslado de Kwon y su familia a una habitación en la casa de O, en Sungnam, ciudad al sur de Seúl. A pesar de su precaria situación actual, Kwon proclama ante sus vecinos su orgullo por provenir de una familia yangban, la antigua clase alta y, además, ser licenciado. También asegura haber sido sentenciado a prisión por participar en la protesta contra el desahucio de residentes en un área destinada al desarrollo urbanístico. Un día, Kwon sale de casa para ganar el dinero necesario para costear el inminente parto de su mujer y vuelve a casa de O vestido de ladrón. O le reconoce y, tras perseguirle, Kwon desaparece. Luego, O encuentra nueve pares de zapatos perfectamente dispuestos en la vacía habitación de Kwon.
A lo largo de la historia, se muestra a Kwon limpiándose los zapatos continuamente, algo que no se corresponde en absoluto con su deplorable condición económica, ya que este esmero con sus zapatos proviene del deseo de ser visto como un intelectual. Sin embargo, nadie le considera más que un trabajador común; el determinante del estado social ya no es la sangre ni la educación, sino la clase económica. Representación del deseo ferviente de un hombre común de mantener su propia dignidad pese a los apuros económicos que dificultan el reconocimiento ajeno, la obsesión de Kwon con sus zapatos sirve de vehículo para la crítica contra el materialismo que deshumaniza a los más pobres de la escala social coreana. En sus narraciones posteriores, publicadas el mismo año, Lo recto y lo curvo, Alas o manilla y Los años pálidos de la mediana edad, Yun Heungguil sigue ilustrando la vida de los pobres e impotentes intelectuales, a modo de denuncia de la sociedad materialista que ha olvidado el valor de sabiduría y la vergüenza.
Yun es también conocido por sus estudios de la realidad política coreana. En Un período lluvioso (1973), trata, a través de la perspectiva de un muchacho, el conflicto ideológico en el seno de una familia singular. Las abuelas del muchacho tienen un hijo en partes distintas de la zona fronterizaza y, aunque están enfrentadas en el ámbito doméstico, acaban reconciliándose gracias a la tradición coreana. Una banda (1983) es una sátira cómica sobre la tiranía del poder; mientras que Madre (1982) presenta la relación compasiva de una mujer cuya historia personal refleja la turbulenta historia coreana durante la edad moderna.
En El enano que lanzaba bolitas de papel, Cho Sehee (1942) explora, a través de los ojos de un enano, el paisaje corrupto de ciudad, dominada por el capital omnipotente. El enano de estas doce historias seriadas se llama Kim Buri y es un jornalero de tan solo 117 centímetros y 32 kilogramos, cabeza de familia y poseedor de una pequeña cabaña a 46 km del distrito de Felicidad, País de Paraíso. Este distrito, una vecindad arruinada de los suburbios de Seúl, ha sido elegido como zona para llevar a cabo un ambicioso proyecto urbanístico: un complejo de apartamentos que acomodará a la nueva población urbana, en rápido crecimiento desde la década de los setenta. El desahucio representa para la familia del enano la pérdida del paraíso que les brindaba la única felicidad que conocían. La ciudad se lleva el espacio donde Kim Buri era simplemente un padre, no un enano. La especulación de los avariciosos de bienes inmuebles y el despido de su hijo de la fábrica agravan la situación de la familia, haciéndola más trágica si cabe. Esta familia liderada por un enano sirve como medio expresivo para captar la oscura desesperación e impotencia propias de aquellos forzados a abandonar sus sueños: la figura del “enano” representa a todos los individuos débiles y reprimidos en el inmenso monstruo de la estructura social. En efecto, esto evidencia la falsedad oculta en la retórica de modernización, que afirma ser el vehículo promotor de beneficios comunes para todo el pueblo, y obliga a lectores a plantearse una cuestión importante: quiénes están incluidos en “el bien común”.
Al final, el enano cae desde la chimenea de la fábrica y muere. Su hijo intenta matar al dueño de la fábrica y termina asesinando a su hermano por equivocación, por lo que es arrestado acusado de homicidio. La hija del enano vende su cuerpo para recupera de las manos del especulador de bienes raíces una propiedad que pertenece a su familia. En una emocionante escena, el enano se encuentra de pie sobre la chimenea de la fábrica, lanzando a la Luna avioncitos y bolitas de papel, poco antes de caer y fallecer. Cansado de vivir en este mundo, el enano sube al punto más alto y sueña con otro mundo mejor pero, en lugar de alcanzar la Luna, cae a tierra y muere, dejando atrás solo un pequeño cuerpo arrugado. El marcado contraste entre sueño y realidad, así como entre resistencia y desesperación, revela claramente las contradicciones fundamentales de la vida. Al volver al sitio donde su casa existió tiempo atrás, a un nuevo apartamento donde ya no se podrá reunir la familia ahora destrozada, la hija muestra con frialdad lo que en realidad oculta la grandeza de los edificios modernos: “No había señal de que el enano, sus dos hijos y su hija hubieran siquiera vivido allí una vez”. Obra de imaginación singular y apasionada, El enano que lanzaba bolitas de papel evidencia las contradicciones económicas de la sociedad coreana en los 70 y su devastador impacto en las vidas de los desapoderados.
Debido a la rápida industrialización, las regiones rurales de Corea sufren un sacrificio todavía mayor, ya que los pobres campesinos abandonan la tierra en masa y se mudan a la ciudad para convertirse en obreros, en pobres habitantes urbanos. Esta transformación del campo, pilar fundamental, durante el proceso de industrialización es el tema central de la obra más famosa de Yi Mungu (1941-:), Ensayos sobre Kwanchon (1977). Ambientada en la aldea de Kwanchon, la actual Taechon, una provincia al sur de Chungchung, esta colección es una recuperación de la memoria y consta de ocho episodios entrelazados que describen los lugares donde el autor pasó su niñez. La antigua Kwanchon, como la recuerda Yi Mungu, representa una aldea tradicional coreana durante el periodo previo a la industrialización. A pesar de sus contradicciones y tribulaciones, la aldea goza de vida y el ethos agrario, que pondera valores fundamentales de vida tales como la simplicidad y el amor al prójimo, forma la columna vertebral de la comunidad rural. Narrada en forma de reminiscencias del narrador adulto tras mudarse a la ciudad, Ensayos sobre Kwanchon es el archivo de un tiempo perdido. La colección se basa principalmente en las experiencias personales del autor, manejadas con cierto grado de licencia artística. El título de Ensayos sobre Kwanchon sugiere también cierta reconciliación prosaica, con frecuencia asociada a una escritura sencilla, más que al drama de los conflictos de ficción.
Por otra parte, el campo descrito en Nuestra vecindad (1981) es un lugar en pleno proceso de transformación debido a la industrialización. Los corazones del pueblo han quedado desolados; las hermosas costumbres de la vida tradicional y los hábitos amables del amor entre vecinos han desaparecido, ocupando su lugar imitaciones baratas del consumismo y el placer, en busca de una asociación con la ciudad. Al retratar de forma oscura y detallada la destrucción del ethos agrario durante la industrialización, Yi Mungu mantiene todavía su creencia firme en la humanidad, expresada a través de un estilo cómico que recurre sobre todo al dialecto local en pos de un mayor efectismo. Nuestra vecindad es considerada por la mayoría como la mejor descripción de la vida material y espiritual del campo coreano durante la década de 1970.
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