Coleccion de Literatura Coreana

Una colección de Ediciones del Ermitaño

Las décadas de 1970 y 1980 fueron un período notablemente productivo para un mayor número de escritoras femeninas. Las generaciones anteriores de escritoras fueron incapaces de escribir durante mucho tiempo ni de mostrar una amplia gama de preocupaciones en sus escritos. En contraposición a estas, surge un nuevo grupo de escritoras, Pak Wansu, Pak Kyungni, Choi Myunghee y O Chunghee, que superan estos problemas, cada una a su propia manera. Las obras de ficción escritas por autoras femeninas dejan de constituir una categoría especial que se necesita calificarse y evaluarse conforme a una serie de criterios diferentes y empieza a considerarse ya como literatura de pleno derecho.
Pak Kyungni y Choe Myunghee son conocidas por sus sagas familiares, que se desarrollan en torno a una figura central femenina. Por su parte, Pak Kyungni enfoca sus temas desde una perspectiva histórica; Choe Myunghee, adopta una postura existencial; y tanto Pak Wansu como O Chunghee describen con maestría la trivial rutina y ocurrencias diarias de las mujeres. Si bien en las obras de Wansu la vida diaria es un vehículo para exponer las vanidades de clase media, O Chunghee se sirve de ella para hacernos vislumbrar, a través de meticulosas descripciones del interior psicológico, la violencia que yace bajo la superficie de la rutina diaria.

Pak Kyungni (1926-:) es una escritora de sensibilidad crítica. Las contradicciones sociales y los sinsentidos que llevan a la vida humana a naufragar se convierten en tema recurrentes durante los primeros compases de su carrera literaria. En Tierra (1964-94), una saga épica en diecisiete volúmenes, considerada su mejor obra, Pak Kyungni mantiene su mirada crítica, aunque expande el horizonte temático. Tierra es la historia de la familia Choe, rica propietaria de Hadong, provincia del sur de Kyungsang. La obra empieza con los últimos días de la dinastía Chosun y termina con la liberación de Corea del dominio japonés. La decadencia y posterior resurgimiento de la fortuna de la familia Choe se extiende a lo largo de cuatro generaciones, durante las que el escenario principal se traslada de Chinju a Hadong, desde aquí a Seúl y desde la capital a Yongjung. Este periplo cubre también los acontecimientos cruciales en la historia moderna de Corea: la apertura de los puertos, resistencia de la Armada de Voluntarios en el movimiento de Tonghak a finales del siglo XIX, la anexión por los japoneses, el movimiento por la independencia y la liberación final. Las vicisitudes históricas se plasman en la vida de los personajes y, en particular, en la de Choe Suhee, nieta del gran propietario, que lucha por reconstruir la familia tras la ruina. La complicada trama deja traslucir sin embargo un mensaje claro: la familia es la base de la vida y, al mismo tiempo, la raíz de la tristeza crónica.
El título de la novela, Tierra, nos proporciona una imagen simbólica que representa la filosofía vital de Pak Kyungni: todos ser viviente es en sí mismo un pequeño universo, digno por derecho propio. Es en la Tierra donde nace la vida, donde se curan las vidas heridas y donde sucede la vida del pueblo. Es ahí donde nacen los seres humanos, ahí donde se aman y mueren. Esta exaltación de la vida lleva a Pak Kyungni a poner especial énfasis en la calidad material de la tierra. A pesar de ello, en la novela esta no se refiere solamente al terreno físico, sino también al poder del útero materno de crear, abrazar y reconciliar. Esta obra maestra de Kyungni, donde se combina la imagen de la diosa de la Tierra con la solidaridad terrestre, pone de relieve la necesidad de solucionar el sentimiento tan arraigado de tristeza y aceptar la coexistencia mutua que sirve como principio fundamental de vida.

Pak Wansu (1931-:) consigue crear una variada gama de temas a partir de escenas de la vida cotidiana. Árbol desnudo (1970), Cámara y paseante (1975), Estación de sed (1978), Estaca de madre I (1980) y Aquel invierno caliente (1983) retratan de modo realista los infortunios familiares provocados por la Guerra Coreana. Por su parte, en El grito de una lombriz (1973), Casa de espumas (1976), Una tarde que se tambalea (1977), Niños del paraíso (1978), Un año magro en la ciudad (1979) y Estaca de madre II (1981), se denuncia el materialismo y la vanidad de la clase media, mientras que sus obras más tardías, Los comienzos de las vidas vividas (1980), La mujer que está de pie (1985) y Estás soñando todavía (1989) presentan un retrato convincente de una mujer que sufre la enajenación de la sociedad. Gracias a su enorme capacidad de extraer verdades palpables de cuentos aparentemente triviales y por su estilo asequible y comprometido, Pak Wansu es considerada una narradora de cuentos innata.
Particularmente hábil la descripción de la vida de las mujeres de clase media y sirviéndose de una casa familiar ordinaria como escenario, Pak Wansu caricaturizó la moda pomposa, egoísta y materialista que abrumaba a las féminas de clase media durante el proceso de modernización y, además, se ganó la confianza de los lectores al emplear de forma hábil detalles concretos y episodios realistas sobre la vida diaria. En Estaca de madre II, cada vez que el personaje principal se olvida de sus tareas domésticas, algo terrible ocurre, por lo que esta se obsesiona con ser astuta y estar vigilante. Las limitaciones familiares se convierten en un impedimento para la mujer, que la aleja de poder encontrar su yo verdadero. Pak Wansu ilustra con arte sublime cómo los pretextos utilizados par mantener el orden y asegurar la sociedad pueden convertirse en la realidad en elementos opresores de las vidas individuales en general, y de las mujeres en particular.
En Niños del paraíso (1978), Wansu retrata una familia de clase media a través de los ojos del marido, profesor interino en la universidad casado con una especuladora inmobiliaria que tiene la costumbre de utilizar términos académicos, como investigación de campo, para describir qué hace cuando sale en busca de bienes inmuebles. Los niños están bien mantenidos –como plantas en macetas-, pero carecen de las cualidades humanas que hacen al hombre más bello que las flores. Viven en un mundo en el que todo se perdona, incluso en escuela, sin tener que luchar por el primer puesto. El colegio refleja también la superficialidad de la sociedad media, donde para mantener el orden perfecto y la belleza simétrica del paisaje, se sacuden en otoño los árboles con el fin de que la hojarasca caiga en todas partes por igual. Más horrible si cabe es su descripción de los apartamentos, uniformemente pulcros en Apartamentos idénticos (1974). En un mismo complejo de apartamentos, dividido en unidades de idéntico tamaño que contiene los mismos muebles y cortinas de tonalidades similares, las personas llevan vidas idénticas, comen lo mismo y buscan las mismas satisfacciones materialistas. La historia pone de manifiesto las falsedades que saturan la vida de la pequeña burguesía, ávida de comodidad y aparente felicidad. En Enseñamos vergüenza (1974), Wansu sugiere que una vida sana solo puede conseguirse a partir del sentimiento de vergüenza por la hipocresía y la vanidad reinantes en la clase media.
Pak Wansu vuelve a abordar las dificultades a las que se enfrentan las mujeres en un sistema patriarcal en su extensa novela histórica, Ilusiones (1985-90). En este relato sobre cinco generaciones de una familia de comerciantes de Kaesung se combina la historia de una mujer con el acontecer sociopolítico desde la Corea de finales del siglo XIX hasta prácticamente la Guerra Coreana. Cabe destacar el acierto con el que la novela plasma las costumbres y los dialectos de la provincia de Kaesung. El protagonista es un personaje femenino llamado Taeim, cuya vida como mercader y mujer ofrece dos puntos de enfoque a la narrativa de la obra. Como mujer que vive con cierto grado de autonomía dentro de una sociedad patriarcal, Taeim opta por una actitud crítica aunque compasiva hacia su madre, que muere por un escándalo con un criado, y elige casarse libremente con un yangban arruinado, así como tratar por igual a su hijo y a su hija. La conciencia feminista de Taeim que se revela en estos actos, parte de la creencia de que todos los seres humanos son iguales y deben ser capaces de vivir como tales. De forma paralela, la novela detalla también las actividades de los mercaderes de ginseng en Kaesung. El comercio sirve aquí como catalizador para la desintegración de la sociedad premoderna basada en el sistema estado feudal y acelera la acumulación de capital nativo coreano, que Taeim utiliza para contribuir al movimiento independentista. Así, con este relato, Pak Wansu enfatiza el espíritu de los mercaderes de Kaesung, que anteponen el deber humano al provecho monetario.

La llama del espíritu (1981-95), de Choe Myunghee (1947-98), al igual que Tierra de Pak Kyungni e Ilusiones de Pak Wansu, es una saga familiar sobre la vida de las mujeres a lo largo de tres generaciones de la familia de Maesan Yi. La historia describe los episodios del nacimiento, el matrimonio y la defunción de las protagonistas, Chungam, Yulchon y Hyowon. El principal argumento narrativo consiste en la relación incestuosa entre el marido de Hyowon Kangmo y su prima Kangshil. Aquí, Chungam y Hyowon son heroínas que se mantienen firmes a la ideología patriarcal y contribuyen a la supervivencia y prosperidad de la familia. Por el contrario, Yulchon y Kangshil son personajes pasivos que no buscan liderar sino acomodarse. Kangshil, en particular, lleva una vida trágica por el amor que tiene hacia su prima mayor, Kangmo. En lugar de intentar cambiar su vida, acepta como destino propio todo aquello que le ocurre a ella, incluso a pesar de la ultranza de Chunbok, hombre de cuna humilde que trata de subir en la escala social. Así, ella da a luz a su hijo y soporta el sufrimiento en silencio.
El título de la novela alude al alma inherente en toda forma de vida. Cuando la llama del espíritu se apaga, la vida también se extingue, siendo la llama del espíritu, además, la que hace la vida digna de ser vivida. En la obra, se deja entrever de manera implícita la creencia por parte de la escritora de que el sufrimiento glorifica la llama del espíritu que contiene cada personaje. Por muy inaguantable que sea el sufrimiento, el mero hecho de soportarlo promete un futuro más luminoso. La insistencia de Choe Myunghee en lo que podría llamarse la estética de la paciencia recuerda la imagen de Ungnyo, que aparece en el mito de la fundación nacional de Corea: un oso que se convierte en humano como premio a su perseverancia. A continuación, Ungnyo se une al señor del cielo y da luz a Tankun, el fundador mítico de Corea. De esta misma forma, Choe Myunghee busca elementos que confirmen su creencia en las historias y leyendas coreanas del pasado, en las costumbres y las religiones del pueblo e incluso en el clima y la geografía. Debido al conocimiento enciclopédico mostrado en La llama del espíritu, esta se ha considerado un museo en papel de las tradiciones coreanas.

O Chunghee (1947-:), escritora que cultiva principalmente la narración breve, describe un mundo quieto y sereno en apariencia. En su interior, sin embargo, la vida es caótica e incluso trágica; oculta tras la falsa seguridad y paz que depara la rutina diaria, la vida se arremolina en oscuridad esencial. En un plano más concreto, O Chunghee aborda la problemática del matrimonio y la familia, investigando el interior de la mujer de clase media. El espacio familiar restringe y confina al mismo tiempo que proporciona seguridad. En una prosa memorable, la escritora profundiza en el oscuro abismo que acecha bajo la tranquilidad aparente. Sus detalladas descripciones psicológicas y meticulosas composiciones revelan su maestría en el arte de escribir novelas cortas.
En El banquete (1981), la hiedra que cubre la casa del doctor Kim sugiere que la apariencia próspera de la familia oculta una realidad diferente. La verde casa solariega del doctor es un lugar de banquetes nocturnos, donde los alegres huéspedes admiran la elegancia y el atractivo de la casa. Sin embargo, para el narrador la casa no es más que una “especie de insecto” gigante. En una habitación del segundo piso está encerrado un hijo que sufre de inestabilidad mental, por lo que la alegre música y las risas del banquete se muestran como intento desafortunado de ahogar el horrible rumor de miseria que reside en su interior. La casa de tinieblas (1980) es un relato sobre los veinte minutos que un ama de casa pasa en la oscuridad durante un apagón eléctrico. Al principio, la mujer percibe esta tiniebla como espacio de alivio, muy similar al útero materno, que la protege del mundo exterior sin compasión. Sin embargo, este sentimiento de alivio muestra de manera paradójica el estado de aislamiento de la mujer. Todos sus familiares le resultan extraños y repite la rutina diaria para acabar destrozándola. Encerrada en su propia casa y envuelta en sus tinieblas, la mujer siente temor. Aquí, la oscuridad sirve tanto para recordarle la violencia de su rutina diaria como para encubrirla. Mediante esta doble función, la novela explora la crisis existencial de una mujer que sufre la vida diaria sin cicatrices aparentes.
O Chunghee es también conocida por sus retratos de jóvenes a quienes se les ha negado la niñez, como Barrio chino (1979), El jardín de jóvenes (1980) y El pájaro (1996). Sin embargo, en La tejedora (1970) la maternidad y la feminidad estériles se convertirán en tema principal. Cabe destacar también especialmente obras como Holocausto (1971), Río de fuego (1977), Campos vacíos (1979), Palabras de despedida (1981), Escorpión (1983) y Pozo Viejo (1994).

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