Los albores de la década de los ochenta estuvieron marcados por una intensa actividad juvenil. Fue una época en la que el número de revistas literarias se redujo parcialmente o en su totalidad, debido a la fuerte censura política, por lo que los escritores más jóvenes se unieron y publicaron sus propias revistas. Partiendo desde bases minoritarias e influidos por generaciones literarias anteriores, alzaron su voz y protestaron con total independencia. Durante este periodo, muchos escritores de narrativa de gran talento alcanzaron su madurez y su imaginación narrativa alcanzó nuevas cotas. Sin embargo, fueron las actividades de los poetas jóvenes las que atrajeron mayor atención: en ninguna otra época de la historia de Corea se vendieron tantos volúmenes de poesía. Por este motivo, muchos críticos calificaron los primeros años de la década de los 80 como la Era de la poesía. Entre los jóvenes que conformaban el epicentro de este impetuoso movimiento podemos encontrar a Yi Sungbok, Hwang Chi-u, Choe Seungho, Pak Namchol, Choe Seungcha, Kim Hyesun y Chang Chung-il. Cargados de hostilidad contra la autoridad establecida, desmantelaron la gramática y el lenguaje poéticos existentes, unas veces como protesta contra la sociedad contemporánea y otras debido a la angustia producida por el absurdo existencial. El lenguaje de estos poetas, vibrante y heterodoxo, resonaron fuertemente en una época en la que el sentimiento de inquietud crecía entre el público coreano.
Con Cuándo se despertará la piedra que rueda (1980), Yi Sungbok desata una imaginación incendiaria que lucha por conocer a fondo y denunciar el mundo enfermo que le rodea. Su lenguaje poético es atormentado, irreverente e irracional. Sabe que con un lenguaje razonable no permite evidenciar el mundo absurdo y enfermo que observa el poeta. Este mundo doliente penetra en el poeta y lo contagia; las maldiciones y lamentos que el poeta vomita son a la vez síntoma de su estado enfermizo y expresión de un violento deseo de rebelión.
Lectura de labios
[...] Todo fue un misterio. Una pequeña muchacha que orina en la calle,
Un jorobado, un reloj eléctrico. Todo fue un misterio. El relinchar,
De un caballo azotado, colgado en el aire. Todo fue un misterio. Un hombre
Torturó a otro, lo muele a palos sin llegar a matarle. Todo fue un misterio.
El poder del amor, el poder de la muerte, el poder de las flores muertas.
Todo fue un misterio.
Durante trescientos sesenta y cinco días, el camello avanza.
¿Cuán lejos uno tiene que ir? ¿Cuán cercano tiene uno que permanecer? [...]
Hwang Chi-u (1952-:) estudia también con gran tormento este mundo enfermo, aunque con un lenguaje más lejano al gemido existencial que a la burla sarcástica. Su primera colección, Incluso los pájaros dejan el mundo (1983), denota un fuerte sentimiento de antagonismo hacia el mundo existente. En el poema homónimo a la colección, el poeta ofrece una parodia del concepto de nación-familia, con la que busca satirizar la falsa retórica del patriotismo o del absolutismo de la nación-Estado. Así, el poema se compone mediante un lenguaje radical y experimental que rompe con las reglas gramaticales existentes. Anuncios, artículos periodísticos, tiras cómicas, e incluso grafitos, se convierten en objetos del imaginario poética que sirven a la deconstrucción de la autoridad, las costumbres y, por último, la propia forma poética.
Quizá uno de los aspectos más importantes de la poesía de Hwang Chi-u descanse en la vitalidad de su lenguaje y la vivacidad de imágenes. Es de hecho un poeta con una singular sensibilidad lingüística, imposible de imitar. En el periodo que comienza con su segunda colección, De los árboles de invierno a los árboles de primavera (1985), Hwang explorará el problema del sentido de vida, proclamando unas veces el sinsentido más absoluto y otras procurando encontrar la respuesta existencial dentro de la vida cotidiana diaria y, en esencia, insignificante. Sus poemas, cuando se mueven en esta paleta de tonalidades, revelan ideas que se burlan de sí mismo y son propias de una vida oscura transitoria, y que quedan plasmadas en brillantes imágenes. Hwang Chi-u es considerado un escritor con especial habilidad estilística e imaginativa.
Camino
Una idea:
La vida es un camino por el que se puede pasar
Sólo al pagar la tarifa.
Humillación por un tiempo.
Vagabundeando, te das cuenta de que
Todos los sitios propicios en las ocho provincias de Corea
Son puntos de control.
Las huellas que dejan al pasar los barcos internos
En este mar hermoso de Hanryusudo,
Son caminos, ya he sabido. ¡Ah, caminos son como espuma!
Otra de las características que comparten las obras de Yi Sungbok y de Hwang Chi-u es su tono frecuente confesional y la franca exposición de experiencias privadas del poeta. La tendencia a exponer libremente incluso los asuntos más íntimos de la vida con tal de garantizar la veracidad de expresión es una característica muy marcada en gran parte de los poetas jóvenes de este período. Hombres sobre la tierra (1984) de Pak Namchul, Amor en nuestro tiempo (1981) de Choe Seungcha y Sobre otra estrella (1981) de Kim Hyesun emplean un marcado lenguaje de confesión personal para lamentarse de los desengaños y las traiciones de la vida. Sus poemas desafían las costumbres y se burlan de sus propias vidas.
Kim Hyesun y Choe Seungcha son dos poetas femeninas que rompen con los estereotipos literarios asociados a la poesía femenina gracias a su singular visión literaria y, además, se apartan del lirismo característico en las generaciones previas mediante un uso más audaz del lenguaje sobre el cuerpo femenino. Desde sus primeros poemas, Kim Hyesun (1955-:) busca describir el objeto de la imaginación poética mediante descripciones físicas en lugar de servirse de comentarios conceptuales. Los objetos existen por sí mismos, pero también en el subconsciente o en la imaginación del poeta. Estas descripciones de los objetos los sitúan a veces en un paisaje surrealista, donde se unen conceptos que tradicionalmente se consideran diametralmente opuestos. En sus obras publicadas a finales de los noventa, Kim Hyesun abandona el paisaje y el sistema de sentido para pintar el mundo exterior como una disonancia fragmentada, o como partes y piezas de sonidos agudos. Estas extravagantes fantasías e ilusiones, que encontramos en abundancia en sus poemas, representan la realidad nutrida de psicología femenina. Gracias al lenguaje centrífugo de Kim Hyesun –caracterizado por su dicción mágica, sus perspectivas del cuerpo femenino, sus imaginaciones alegóricas, sus teatrales puestas en escena y su ruptura del tiempo lineal- se anuncian nuevas posibilidades para la poesía coreana femenina.
Por otra parte, los poemas de Choe Seungcha (1952-:), con su tono marcadamente confesional, constituyen una crítica a la pasividad y a la aceptación injustificada de la autoridad, rasgos definitorios de la pequeña burguesía. Su lenguaje, lleno de miedo, humillación y memorias atroces, que destila odio hacia sí mismo, adquiere un fuerte tono de resistencia durante el opresivo periodo de Yushin, al igual que sucede con el lenguaje de la vulgaridad y las imágenes del cuerpo femenino. El tono confesional y aforístico empleado al exponer su vida existencial y oscuridad interior ofrece declaraciones sorprendentes de sí mismo que rechazan cualquier percepción de la vida como cosa positiva.
Choe Seungho (1954-:) retrata con insistencia el carácter sombrío de la vida urbana. Aunque sus primeros poemas tienden al lirismo, a partir de su segunda colección, La aldea de los puercos espín (1985), empieza a explorar la vida de las gentes que viven en un ambiente contaminado y con costumbres corruptas. La crítica de Seungho a la civilización moderna se sirve con frecuencia de imágenes grotescas. Por otra parte, en su visión poética subyacen pensamientos budistas; el concepto de vacuidad sirve aquí como espejo de la conciencia que refleja el mundo corrupto y clarifica, al mismo tiempo, la imagen del ideal que debe perseguir el alma.
Aldea
[...]¿Por qué la avalancha de tierra a medianoche
Aplasta las casas en el valle?
¿Por qué los osos atacan la aldea
Y el fuego del bosque se acerca a los montes tan de cerca?
Alboroto a medianoche al encender los aldeanos las antorchas.
Alboroto a medianoche al vociferar la aldea.
En la aldea de los puercos espín,
Cultivamos agujas espinosas sobre nuestro cuerpo.
La persona pacífica cerrará esta puerta con cerrojo
Y el oso le perseguirá aun en sus sueños.
En este poema, donde las personas se convierten en puercos espín, la vida de la aldea, tranquila a la primera vista, queda devastada por una catástrofe repentina. Ante la fuerza de la naturaleza y debido a al ataque de un hado imposible de descifrar por el hombre, la aldea queda destrozada. La reflexión apocalíptica y la crítica a la civilización urbana subrayan aquí la poderosa visión de la naturaleza, que prevalece sobre las mezquinas construcciones del hombre. Esta crítica a la vida urbana que realiza Choe Seungho se extiende a la perspectiva negativa de la cultura capitalista y evolucionará posteriormente hacia la reclamación ecológica del medio ambiente.
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