Coleccion de Literatura Coreana

Una colección de Ediciones del Ermitaño

Alejandro Zenker

IV. La literatura en la sociedad de consumo (1990 - 2000 )

El pensamiento literario de los ochenta evidencia una tendencia a preguntarse por aspectos sociales y a explorar los valores comunes. Los conflictos entre clases y la violación de derechos humanos, que se perpetuaron a lo largo de generaciones de dictadura militar, politizaron la sociedad en general y agudizaron el deseo colectivo de la democracia. Las voces críticas eran fuertes y penetrantes, y fue en el campo de la literatura donde estas se expresaron con mayor elocuencia y fuerza. Los ochenta fueron, en muchos aspectos, un periodo de ideas. Por el contrario, los noventa se conocerán como la Era de la desilusión. La subida al poder de un Gobierno civil democráticamente elegido en 1992 trajo mayor libertad a la arena política y amainaron en parte las protestas colectivas. Al mismo tiempo, el derrumbe del bloque de Europa del Este, gracias al que el capitalismo conquistó una posición inaudita en el nuevo orden mundial, debilitó el poder ideológico. Corea seguía siendo todavía un país dividido, aunque la Guerra Fría, que sirvió de pretexto para justificar la opresión política en Corea durante la segunda mitad del siglo, concluiría definitivamente. Con estos grandes cambios en la arena político, las vida del ciudadano coreano de a pie sufrió también considerables transformaciones. Marcada por la histórica Olimpiada de Seúl de 1988, la sociedad coreana entra en una época de intenso consumismo. El gusto creciente por la vida material y refinada, así como la diversificación y la creciente oferta de bienes de consumo como respuesta a esta necesidad, cambiaron incluso el aspecto de las calles de Corea. Los intercambios internacionales, tanto en el ámbito privado como en el político, aumentaron drásticamente y los viajes al extranjero se hicieron habituales. Por otra parte, se asistió a un auge del sector del ocio y del consumo de cultura popular.
Con esta profunda transformación de la vida material, cambiará también el sistema de valores, las formas de pensamiento y el sentimiento estético del pueblo coreano. Hasta ahora, las exigencias políticas y el énfasis sobre el desarrollo económico del país habían reemplazado las metas de felicidad y libertad individuales; en los noventa, la necesidad individual tomará prioridad. La felicidad personal se imponía ahora en aquellos aspectos donde antes la ideología había reclamado su puesto, reemplazando así la retórica del bienestar público por las conversaciones sobre el placer privado. Era ahora el deseo individual, más que el colectivo, el que dominaba la sociedad. Las generaciones jóvenes, en particular, rompieron con las costumbres, los deberes o la moral sociales tradicional, y se sumergieron en la ostentación de la cultura popular o la abundancia del consumismo hedonístico. El nuevo sistema de valores y estilo de vida de los jóvenes comenzó a divulgarse por toda la sociedad.
El ascenso de la cultura popular consumista vino de la mano del desarrollo tecnológico; con la revolución de Internet en los 90, la cultura digital llega a escuelas, a las oficinas e incluso a los dormitorios de los coreanos. Las estrellas de la cultura se convierten en los únicos ídolos de las generaciones jóvenes y dicha cultura pasa a ser el modelo de vida, propagando así una nueva sensibilidad sensorial y una nueva forma hedonística de placer. A fines de 1990, Corea se convierte en el país con mayor índice de uso de Internet por habitante del mundo y la cultura digital se asienta profundamente en la vida diaria: con la llegada de los noventa, Corea se abre a un nuevo mundo.

En una sociedad que persigue los deseos personales más que los intereses sociales, y donde Internet y la cultura popular se convierten rápidamente en el medio de comunicación dominante, la literatura y las artes sufren también cambios. La mayoría de poetas jóvenes se divierten ahora con una sensibilidad perfectamente acomodada a la cultura popular y responden activamente al señuelo de Internet. Al mismo tiempo, sufren confusión de valores, pérdida de identidad, y enajenación del deseo. Poetas como Chang Chungil, Yu Ha, Yi Munchae y Ham Minbok vagabundean como bohemios o niños perdidos dentro del vasto terreno de la cultura popular y hablan sobre el sinsentido y la vacuidad que se ocultan tras el mundo resplandeciente. Para estos poetas, la sociedad consumista popular es, a la vez que un ente monstruoso contra el que deben resistir y al que deben criticar, un espejismo alucinante del que no se puede escapar. Poetas como Kim Kitaek, Chang Suknam, Hu Sugyung, Na Huiduk y Choe Chungnye tratan con estilo singular las vidas enajenadas por este mundo alucinante. En sus poemas, las vidas ordinarias aparecen fragmentadas, perdiendo una base estable que exige coherencia y llenas de agonía interna, pérdida de amor, deseos imposibles, inseguridades existenciales y separación de las relaciones.
Lo mismo sucede con los escritores narrativos, para los que la sociedad hedonista y consumista actual se antoja una espada de doble filo. Las obras de Yun Taeyung, Yi Sunwon y Kim Yungha están pobladas de personajes cuya vida se basa en el consumismo libre de toda rigidez, de cualquier sociedad establecida u orden tradicional. Sus vidas son el cañamazo sobre el que retratan los valores y el estilo de vida de la nueva sociedad popular. Haciendo patentes la vacuidad y el sinsentido de tales vidas, esta generación de escritores accede al nuevo mundo con pesimismo, mientras que otra generación distinta se resiste de forma diferente a la sociedad consumista. Ha Ilchi retrata el nuevo mundo como una pesadilla donde el deseo se estimula sin parar pero sin llegar nunca a satisfacerse. Sung Sukchae se mofa del nuevo ethos de manera juguetona y a la antigua usanza, y Shin Kyungsuk cultiva un estilo deliberadamente lento, femenino e introspectivo con el fin de contrastar con la nueva sociedad caracterizada por la búsqueda de la satisfacción inmediata.
Otra característica de la narrativa coreana durante este período es la brillante actuación de las escritoras femeninas. Además de Shjin Kyungsuk, autoras como Kong Chiyoung, Eun Hikyung, Kim Insuk, Su Hachin, Cho Kyungnan, Chun Kyungmin, Ha Sungnam y Pae Su-a comienzan a explorar los deseos femeninos y desafían el orden falocéntrico de tanto la sociedad coreana como de sus costumbres. Sus obras abrazan la liberación femenina a través de personajes que procuran llenar su subjetividad.

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