Coleccion de Literatura Coreana

Una colección de Ediciones del Ermitaño

Aunque publicada en 1987, en una década en la que espíritu de protesta política seguía dominando la escena literaria, Meditaciones sobre una hamburguesa, de Chang Chung-il (1962-:) es ya una colección de poemas comprometida con aquello que será sinónimo de calidad en la sociedad coreana de los noventa, es decir, la cultura consumidora.

Meditaciones sobre una hamburguesa
Un poema escrito para ser utilizado como receta familiar

Mucho antes solía meditar sobre el oro o sueños,
Cosas tan duras como transparentes.
Pero ahora voy a meditar también sobre cosas esponjosas.

La que voy a mostrar hoy es una meditación sobre cómo hacer hamburguesas,
Una meditación que cualquiera puede hacer fácilmente sin demasiados ingredientes,
Pero una que, sin embargo, está llena de sabor y nutrición. [...]

Con Un poema escrito para ser utilizado como receta familiar, Chang Chung-il anuncia un asalto a la gramática y a la autoridad de la lírica tradicional. Como afirma el poeta en su primer verso, la poesía fue en el pasado el ámbito de meditaciones sobre el arte de valor constante, como la belleza (“el oro”) o la trascendencia metafísica (“los sueños”). Así, con su afirmación de que empezará a meditar también sobre “cosas esponjosas” rompe con los límites de lo que hasta ahora se ha reconocido como expresión poética. Esta intención se descubre también en los elementos formales del poema -de manera más notable, en los de la tercera estrofa: una lista de ingredientes para hacer hamburguesa, “1 cucharada y media de mantequilla, 150 g de ternera, 4 hojas de lechuga [...]” –. El poeta exhorta al lector a concentrarse cada vez más y a eliminar posibles pensamientos extraviados que recuerden a meditaciones tradicionales, puesto que el objetivo de esta meditación no es la ilustración ni la sublimación, sino el mero acto mundano de hacer hamburguesas. Esta violación del significado tradicional de la palabra ‘meditación’ sirve para explicar el tono burlesco que impregna todo el poema, así como la subversión de la imaginación que codifica la poética tradicional.
Así, el uso de la hamburguesa como tema poético central profundamente significativo. Las hamburguesas ligeras, perecederas y, sobre todo, al “estilo americano”, resumen las cualidades de la sociedad consumista surgida en Corea a finales de los ochenta. Sin embargo, la exaltación de dichas cualidades en la poesía de Chang Chung-il es algo más que un mero gesto de celebración. El poema busca transmitir una imagen irrisoria a la par que irresponsable; su elaboración de la vida en una sociedad consumista (“En los supermercados, todo se envuelve en plástico sanitario”) hace que los detalles de nuestra rutina diaria tengan una apariencia monstruosa. Así pues, Chang Chung-il desmantela el sistema de valores ahora obsoletos de la meditación tradicional con el lenguaje “esponjoso” utilizado para la descripción de las hamburguesas.
Chang Chung-il es también autor de algunas obras narrativas. En Cuando Adán abre los ojos (1990) y ¿Crees en el jazz?, Chung-il utiliza elaborados juegos de palabras para burlarse de las reglas impuestas por el realismo y para quebrantar la autoridad logocéntrica del orden patriarcal.

Yu Ha (1963-:) utiliza la misma temática de Chang Chung-il, iniciada por este con maestría e innovación mediante la imagen central de la hamburguesa, aunque en coordenadas espaciales concretas. Este espacio no será otro que el famoso barrio Apkuchung, un vecindario de un área rica al sur del río Han, en Seúl. Conocido por su atractiva oferta de bares y boutiques, el barrio Apkuchung, antaño campo de hierba y flores silvestres, experimenta un amplio desarrollo y se convierte en una zona urbanística boyante, convirtiéndose en sinónimo de la cultura del consumo desenfrenado. Debido al ambiente de sus calles, llenas de gente joven en busca del placer consumista, se constituye en un espacio donde todos los rincones transpiran capitalismo. En una serie de poemas titulada El día que hace viento, hay que ir a Apkuchung, publicada en 1991 en una colección popular homónima, Yu Ha asocia el nombre del lugar al ethos de toda una época.


El día que hace viento, hay que ir a Apkuchung

Deseos como fuego forjaron
Esta ciudad de neón que no duerme. Ve el apetito de ojos deslumbrantes,
El banquete de colores lívidos como buffet de fuego,
Boquiabiertos con solo echar un vistazo.
Se han ido los días en que se alzaban pábilos de candela
Simplemente para iluminar.

En el viento del fiero estiércol del Río Han,
Los niños de la luz de candela parecen demasiado seguros,
Porque la ciudad entera que los envuelve
Es una araña de luces cristalina gigantesca.

Al igual que Changchung-il, cuya poesía se caracteriza por una actitud ambigua hacia el objeto que se critica, Yu Ha siente al mismo tiempo admiración y repulsa por las relucientes calles del barrio Apkuchung. Iluminadas tanto al mediodía como en plena noche, no esconden nada y lo muestran todo, dándoles a los “niños de la luz de candela” un aire de seguridad al tomar parte en el consumo manifiesto y entregarse al disfrute del placer. ¿Por qué no lo hacen, si la ciudad que los envuelve es toda ella una “araña de luces cristalina gigantesca”?
A pesar de ello, la memoria del poeta nos informa de que hubo un tiempo en el que “se alzaban pábilos de candela / simplemente para iluminar”, no para la ostentación, aunque quizá estos tiempos se antojen ya muy lejanos. El recuerdo del poeta acusa aquí cierto grado de añoranza y nostalgia. El pasado, empobrecido aunque no corrompido, no puede deparar una alternativa genuina al exceso presente, aunque es precisamente este contraste el que hace tan necesaria la crítica de Yu Ha al barrio Apkuchung y a la cultura representada en este referente geográfico, que Ha describe como el lugar donde “se fabrica el deseo en lata”. En colecciones como El amor de un niño de un centro comercial de Se-un (1995), Yu Ha seguirá centrando su mirada en aspectos específicos del paisaje urbano. Al igual que el barrio Apkuchung, el centro comercial de Se-un es un referente geográfico y, al mismo tiempo, un índice sociocultural. Sus tiendas, rebosantes de los aparatos electrónicos más recientes y de juegos electrónicas de la tecnología más vanguardista, ofrecen una visión frívola de la realidad virtual, más real incluso que la realidad misma, que representa ahora la cultura dominante en la juventud coreana.
Una característica distintiva del estilo poético de Yu Ha consiste en la reelaboración de otras formas literarias tanto clásicas como populares. Diarios de artes marciales (1989), su primera colección poética, es una parodia de la narrativa de kung-fu, género menor, que ofrece una mirada satírica de la realidad política contemporánea coreana. En Cuentos de los mil y un caballos (2000), el poeta crea un pastiche salvaje, entretejiendo referencias a Prufrock de T. S. Eliot y a Gulliver de Swift en una serie de poemas ordenados por episodios, técnica prestada de los cuentos de las Mil y una noches narrados por Sherezade. Tomando un hipódromo como escenario, Cuentos de los mil y un caballos ofrece retratos caóticos del capitalismo, que se extiende de forma vertiginosa por la sociedad coreana finisecular. Al subrayar el juego de palabras de esta colección poética, Yu Ha afirma que en esta edad de “esperanza mutilada y ruido desenfrenado” somos todos meros corredores, montados a horcajadas entre la acción de la carrera y el posterior sentimiento de vacuidad.

Si la exhuberancia verbal y el poder destructor del juego son los aspectos que caracterizan la obra de Chang Chung-il y de Yu Ha, Choe Chunnye (1955-:) ofrece un estilo más calmo y templado, sin apartar por ello su vista de los contornos internos del paisaje urbano. Chunnye suele presentar en sus obras una secuencia de imágenes que podemos observar tranquilamente y forman un sólido conjunto de modelos que sugieren complejos sentimientos humanos, en lugar de imbuirlas de simbolismos abrumadores. Bajo la superficie de este paisaje urbano, Choe deja entrever un intento de ocultar el profundo dolor y las enormes contradicciones de la vida. La técnica utilizada por Choe, quien fragmenta la rutina de la vida diaria en claras y frías imágenes poéticas solo con el fin de reconstruirlas posteriormente, puede parecer un ejercicio inútil al principio, pero permite al autor mostrar una estilo diferente de ida y una verdad distinta, visibles únicamente a través de estas grietas temporales. Aunque no siempre resulta perfectamente claro en qué consisten estas verdades, la poesía de Choe Chungnye parece sugerir que esta ambigüedad es inherente a la experiencia de la vida misma.

Al pasar una farmacia

Paso de noche una farmacia brillantemente encendida.
En los frascos de medicina se describen ingredientes de nombres extraños.
Las pequeñas esperanzas que abrigaron una vez
Han de yacer ahí también, perfectamente ordenadas y muertas.

Cómo se llamaba esto.
No puedo recordar el nombre.
Un hombre en una bata blanca
Estaba mirando al exterior, a las cosas que pasan de cerca.
Y los frascos de medicina estaban dispuestos siempre de forma tan ordenada.

El escocer y el estremecerse vendrán mucho después

Es hora de bajar la ventana de la farmacia.


Aunque es un rasgo familiar del paisaje urbano, la farmacia sorprende aquí al narrador poético. Dentro de las ventanas “brillantemente encendidas”, el orden sirve como medio para ocultar la muerte y la bata blanca del farmacéutico muestra cierta esterilidad antiséptica que lo aleja de las relaciones genuinas con otras personas. Rodeado por sus frascos de medicina “perfectamente ordenados” e instalado cómodamente en el mundo solipsista de la farmacia, solo puede “mirar al exterior” con una vista alejada y clínica que se reduce a las “cosas que pasan de cerca”. Confrontado con la desolación del paisaje urbano, el narrador recuerda un acontecimiento de su propio pasado –lo que suponga quizá un intento de suicidio fracasado-, aunque esta memoria permanece imperfecta y acompañada de cierta amnesia (“No puedo recordar el nombre”) y entumecimiento (“El escocer y el estremecerse vendrán mucho después”). Al mismo tiempo, estas referencias sirven para iluminar tanto el sentimiento enajenado del narrador en el paisaje urbano como el estilo elíptico del poeta. Aquí el silencio entre versos está cargado de sentidos: indica la opacidad y la futilidad de la vida, tema ya evidente en su primera colección de poemas, El bosque de caña en mi oreja (1994). Será en los volúmenes siguientes, El tigre en el sol (1998) y Campos rojos (2001), cuando logre una densidad expresiva y profundidad filosófica de enorme riqueza.

Poeta de fuerte temperamento, Chang Sugnam (1965-:), es la figura central en la renovación de la lírica coreana de los noventa. Sus versos están marcados por una cualidad retrospectiva benévola y cierta melancolía; el poeta quiere encontrar consuelo por la insatisfacción del mundo en la tierra. El poeta está abierto a las experiencias sensoriales más minuciosas: escucha con “respiración batida” y mira con “ojos húmedos” de memoria y simpatía. Al igual que sucede en la obra de Choe Chungnye, la memoria juega un papel decisivo en la búsqueda de la autenticidad oculta en el presente. Sin embargo, mientras que las obras sobre experiencias vitales, enmarcadas en un periodo temporal concreto, no gozan de entereza y familiaridad en la producción poética de Choe Chungnye, en la poesía Chang Sugnam la memoria tiene un papel mucho más importante: Sugnam cree posible retornar a un lugar del espíritu propio y solo es posible iniciar el camino hacia este a través de la memoria.


Exilio de los pájaros

Los estorninos han venido,
Pájaros negros que gritan, emitiendo sonidos
Como el arroz enjugado y cocinado en el hogar de vieja moda.

El cielo de primavera suspendido en sus picos
Se vuelve oscuro incluso ante el Sol.

Los estorninos flotan en sus propios gritos,
El cielo oscuro sobre sus picos,
En su centro visible –una sepultura- un terraplén reluciente [...]


El grito de los estorninos aleja al narrador del presente y lo acomoda en una “sepultura-terraplén reluciente” y en un lugar donde el arroz es “cocinado en el hogar de vieja moda”. Estas imágenes nostálgicas, procedentes de la memoria de la infancia rural del poeta, resucitan la casa de forma permanente en el corazón. El narrador poético retorna al lugar del exilio autoimpuesto. Los matices políticos de la palabra ‘exilio’ sugieren cierto cansancio del mundo de la realidad social. Su salida de este mundo es menos una fuga de la realidad que una forma positiva de sobrevivir a él. El calor sagrado de la tierra, capaz de abrazar todas las penas y tristezas de vida, simboliza el deseo del narrador de recobrar su seguridad ontológica. Las tiernas meditaciones de Chang Sugnam continúan en Ya casi no echo de menos a nadie (1995) y Dolor en mi pecho izquierdo (2001).
Esta receptividad maternal revela la afinidad de Chang Sugnam con las poetas (1966-:) y Hu Suykyung (1964-:). Un barco de corazón amable, en la colección Raíces de Na Heuisuk, y Canción de amor que acaricia heridas envejecidas en Amor en un lote vacío, muestran la riqueza maternal como elemento capaz de consolar a todos los que no están dañados o cansados de la vida. Para ambas poetas, la conciencia lírica envuelve la habilidad de captar los sentimientos de los objetos: un coche abandonado al junto a la calle, flores iluminadas por la lluvia de la mañana, un banco de parque vacío al mediodía. Hu Sukyung expresa tanto el deleite como el dolor de estas cosas frágiles que llevan el mundo sobre los hombros (Mariposa) y sugiere que de esta manera el poeta puede alcanzar la plenitud lírica, aun a pesar de la transitoriedad abrumadora de la vida. Hu Sukyung es más conocida por su segunda colección poética, En la casa remota, a solas (1992), donde recurre a ritmos tradicionales coreanos con la intención de sugerir las tristezas y la vileza de la vida secular. Na Heuiduk, por otra parte, cuenta en su haber con un buen número de sutiles obras líricas y dramáticas, donde las dobles imágenes de la tierra y el cuerpo femenino insinúan una visión poética caracterizada por la fecundidad material y la plenitud espiritual. Entre las colecciones poéticas de Na Heuiduk se incluyen A raíces (1991), No tan lejos del lugar (1997) y la reciente Oscurecer (2001).

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Coleccion de Literatura Coreana para añadir comentarios!

Participar en Coleccion de Literatura Coreana

Distintivo

Cargando…



IMPRESION DIGITAL
Servicios editoriales integrales. Desde el diseño, la tipografía y formación, hasta la impresión y encuadernación. Consúltanos.
solar@solareditores.com
www.solareditores.com


(+5255) 5515-1657
México, D.F.

Visitar El Ultimo Sobreviviente

Fotos de las presentaciones de El Ultimo Sobreviviente

© Alejandro Zenker

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio