Nada más fácil que partir.
Nada más íntimo.
Cada cosa que viene, de hecho está partiendo.
El hombre que se nos aproxima agitando las manos y sonriendo
está abandonando algo en su centro.
Su mano que gesticula cae a sus mismas profundidades
como pesada sombra.
El principio que abre luminosamente nuestra vía acuática
está muy lejos de nuestro principio.

CHANG SOO KO, El sonido del silencio, versión de Fernando Barbosa, México, Ediciones del Ermitaño 2009, p 16.
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